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UNÁMONOS EN LA BÚSQUEDA DE UN DERREMAR FRESCO

Lo que viene siendo el comienzo de un evento o  cualquier trabajo es de vital importancia.
Jesús dijo:
“…sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”
Mateo 16:18


¿Cómo lo haría Jesús? ¿Qué era lo que tenía en mente? ¿Él hablaba literalmente o figurativamente? ¿Tenía un plan y un diseño específico? O ¿Era necesario que los discípulos descubrieran ellos mismos el diseño de la Iglesia de Cristo para luego trabajarlo con sus propios recursos


En nuestros tiempos modernos nos cuesta admitir o nos dificulta comprender que cuando se trata de la obra de Cristo, no sabemos qué estamos haciendo. Siempre queremos saber qué sigue o cómo todo debe funcionar. Aún tomamos la Biblia y la convertimos en un manual para que podamos entender la obra espiritual. Pero la Biblia no es un simple manual. Es un Libro de Revelaciones y el Libro de Hechos es un testimonio de la obra de Dios a través de la dispensación de Su gracia.


NUESTRA NECESIDAD DE DEPENDER DEL ESPÍRITU SANTO


La dependencia del Espíritu Santo y el clamor por infusiones frescas de Su gracia necesitan ser principios fundamentales para la integración de creyentes que se están reuniendo bajo el Liderazgo del Señor Jesús.


Estamos siguiendo a un Rey crucificado quien murió en una cruz romana. Ese Salvador del mundo murió después de solo 33 años de vida sobre esta tierra. Su vida dependió constantemente  de la obra del Espíritu Santo de Dios. Desde Su bautismo en el desierto hasta cada Palabra pronunciada por nuestro Señor, Él se apoyó en el Espíritu. Entonces, ¿no deberían nuestras vidas ser entregadas de la misma manera con la misma dependencia?


Mientras estamos buscando mejores métodos y a hombres y mujeres más fuertes, Dios está buscando vasijas más débiles sin confianza en sus propias capacidades. Él hace esto para que Su obra sea hecha a Su manera y para que toda la gloria sea atribuida a Jesucristo.


La Iglesia está en búsqueda de mejores métodos; Dios está buscando mejores hombres. Lo que La Iglesia necesita hoy no es más o mejor  maquinaria. Tampoco necesita nuevas organizaciones o más métodos novedosos, sino hombres que El Espíritu Santo –hombres de oración, hombres valientes en la oración. El Espíritu Santo no fluye a través de métodos sino a través de hombres. Él no desciende sobre maquinaria sino sobre hombres. Él no unge los planes sino a los hombres.

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